REVOLUCION EDUCATIVA: LA BUSQUEDA DEL SER HUMANO LIBRE, de Rolando Araya Monge
El maestro que en medio de sus seguidores se pasea a la sombra del templo, no da de su sabiduría sino más bien de su fe y de sus sueños… Y si es de verdad un sabio, él no os convidará a la casa de su sabiduría, sino que os conducirá, más bien, al umbral de vuestro propio pensamiento.
Jalil Gibrán
Vivir es aprender. Todo en la vida es un viaje para conocer. Buscamos poder, placer, certidumbre, felicidad. En el fondo, nos buscamos a nosotros mismos. Pero no lo sabemos, ni sabemos hacerlo. Ni siquiera sabemos quiénes somos en verdad. Caminamos como sonámbulos, creyendo estar despiertos. Y esperamos que el sistema educativo nos prepare para el largo viaje de la vida, nos enseñe a convivir, a conocer nuestro mundo y a realizarnos como seres humanos. En realidad, no se pretendió lograr una educación transformadora al inicio del actual sistema, hace unos doscientos años, sino enseñar cosas elementales como leer y escribir.
Es posible que un modelo educativo como el actual, creado para una sociedad ya inexistente, más bien logre extraviarnos, y en lugar de ser felices y alcanzar sueños, acabemos en la frustración y el sufrimiento. Al contrario de la naturaleza que introduce un gusano en un capullo para acabar su vida como una bella mariposa, los seres humanos nacemos como bellas mariposas y morimos envueltos en un capullo, vencidos. La humanidad tiene gigantescos desafíos. Es necesario construir un nuevo mundo, una nueva civilización. Ese es el reto. La arrogante era de la ciencia y la tecnología ha producido grandes avances, pero no ha podido deparar la paz, la alegría, la salud, la armonía, la felicidad. El materialismo subyacente en la cultura conduce a la destrucción del planeta y amenaza a la propia especie humana.
El desafío de hoy es prepararnos para la aventura del cambio de civilización. Y la manera más eficaz de construir una sociedad nueva consiste en cambiar la educación de las generaciones más jóvenes. Ahí radica la importancia de plantear una educación diferente, no solo adaptada a las nuevas circunstancias, sino dirigida a formar seres humanos capaces de afrontar los cambios en un mundo en crisis. Sin embargo, solo una sociedad nueva es capaz de generar ese cambio. Caemos entonces en la paradoja del huevo o la gallina. ¿Por dónde se comienza?
La era de la educación masiva ha tenido importantes logros en muchas partes después de dos siglos de haberse introducido. La era moderna ha marcado la etapa de progreso jamás vista en la historia. Pero el actual sistema no es capaz de responder a la complejidad y las necesidades de un mundo muy distinto, con una explosión de conocimientos sin precedentes. Las ideologías del mecanicismo materialista no son capaces de dar las respuestas. Derecha o izquierda, socialistas o capitalistas, conservadores o progresistas, todos estamos entrampados en los moldes de un paradigma incapaz de ofrecer horizontes. Tanto la educación de los países socialistas, como los capitalistas pretendieron formar seres humanos para la modernidad, con criterios basados en la primera revolución industrial. Ninguna de ellas aspiró a una educación crítica ni humanista. Ambas se inspiraron en el utilitarismo.
La historia del mundo moderno muestra varios cementerios de reformas políticas y económicas fracasadas. Ahora se trata de una transformación no de los sistemas políticos, sino de nosotros mismos. Hace falta una nueva humanidad, un nuevo ser humano que sepa reconocerse no como un ente separado de Dios, del mundo, de sus semejantes y de su entorno natural, sino como parte de una Unidad, de un Todo. Solo una nueva inteligencia surgida de una cultura holística nos hará ver la naturaleza caórdica de todo cuanto existe, reconocer las nuevas reglas de la convivencia, prepararnos para vivir en una creciente complejidad, en un mundo incierto, diferente a la imagen estática en que se basa la educación actual.
Cuanto más orden pretendemos imponer, más entropía logramos cosechar. Ya no basta con transferir conocimientos, quizás ni siquiera sea lo principal. Ahora se trata de formar un nuevo ser humano. Eso implica, además, una metamorfosis de la conciencia, una revolución del espíritu, aprender el significado de conocernos a nosotros mismos, acabar el dogmatismo presente en todos los ámbitos de la cultura, con la visión de un mundo fragmentado.
El nuevo pensamiento habrá de mostrar el camino del ser libre y empático que busca su felicidad en el servicio a los demás y en el culto al sagrado entorno natural que nos acoge. Más que humanismo, aprender a convivir en armonía con la naturaleza, se puede llamar ecohumanismo. Y todo esto implica una verdadera revolución educativa, no simples reformas que solo logran perpetuar un sistema que pretende enseñarnos a vivir en una sociedad que ya no existe.
La educación debe ser colocada en el centro de la cultura. Gobernar es educar, inspirar. Aprender transforma. Y es tarea de toda la sociedad. La realidad social no deviene como producto de leyes, ni instituciones. Es la cristalización de nuestros pensamientos, ideas, creencias, emociones, palabras, decisiones y anhelos. Los acontecimientos recogen factores psicológicos, informativos, epistemológicos, etc. Y la física cuántica ha demostrado que la conciencia, por sí sola, modifica la realidad observada. Hasta las decisiones políticas acaban siendo una consecuencia de la conciencia colectiva. Cambiar la sociedad empieza por cambiar la conciencia individual y colectiva.
Educar no debe ser simplemente un entrenamiento, un aprendizaje cognitivo, sino la formación de las bases con las cuales pueda crecer el ser humano y alcanzar los más altos goces del espíritu. Si queremos que la educación sirva para algo más que entrenar los robots del sistema, debe proponerse una transformación de la conciencia. Sin un nuevo aprendizaje no habrá posibilidad de propiciar un nuevo paradigma, que solo podrá venir como resultado de una nueva cosmovisión, un nuevo saber. Más luz, dijo Goethe al morir.
Todo debe girar en torno a mejorar al ser humano como la base para mejorar todo lo demás. La prosperidad es consecuencia de mejor educación y mejores valores. Y nunca funciona al revés, como pretende la barbarie economicista que impone la vulgar concupiscencia consumista como la base del mejoramiento. Educación no debe ser sinónimo de escuela. Esta cuenta mucho, pero no más que el hogar, la comunidad, la fábrica, la oficina, los medios o Internet. Todo debe ser espacio educativo y todas las experiencias deben tener un vector educativo.
La sociedad entera asumirá la responsabilidad educativa. Así como los partidos han perdido la primacía en el escenario del cambio político, la escuela la ha perdido en el cambio educativo. Un joven de 18 años en cualquier sociedad moderna ha aprendido en el aula solo un 10% de todo lo que sabe. ¿Entonces? ¿Escuela y educación? ¿De qué estamos hablando? Es preciso cambiar el concepto mismo que mantiene el matrimonio entre educar y escolarizar. Por ahí debe empezarse, pero antes veamos dónde estamos.
LA EDUCACION ACTUAL
La escuela de hoy es producto de la estética del modelo industrial que hizo del ser humano una pieza de engranaje, e impuso una educación memorística, vertical, conductista, descontextualizada, acrítica, fragmentada, utilitarista, centrada en la generación de destrezas para el trabajo. Así, los jóvenes acaban siendo reproductores de las peores lacras del sistema. El sistema convencional desarrolla una estrategia para ajustar al individuo a la sociedad tal y como existe.
Un sistema como el actual, centrado en la expansión del conocimiento, a través de métodos ineficaces y reñidos con la realidad ha empezado a generar reacciones negativas. Si es por lo que hacemos, estamos en la era del entretenimiento y el espectáculo. Pero la escuela pretende enseñar a fuerza de disciplinar el aprendiente, a someterlo, a dominarlo, no a enseñarle el amor por aprender, ni a disfrutar del proceso. El rechazo al estudio, un desprecio por la lectura y la disminución de las capacidades son sus efectos más obvios. Un sistema así acaba fomentando la pereza mental, la mediocridad, el aburrimiento, el oportunismo, el fraude, el desinterés y la pérdida de creatividad, de autoestima e inteligencia. Cuando más, un sistema centrado en suplir información, a falta de conciencia, puede formar una especie de barbarie informada, masas de alienados, presas fáciles de todo tipo de adicciones para aliviar la silenciosa desesperación que sufre una inmensa mayoría de los seres humanos.
Nuestro sistema recibe niños genios a los cinco años, y los saca atontados con título de bachiller a los dieciocho. Nuestras escuelas y colegios son fundamentalmente centros para la ideologización disfrazada y el dogmatismo, para crear miedo, conformismo, indiferencia, anomia y la ausencia de iniciativa. Nuestro sistema se realiza a través de enseñar a través del miedo, la autoridad, y con ello fomentar la pasiva sumisión al orden establecido. Su objetivo es formar seres predecibles, ausentes, incapaces de experimentar el verdadero goce de la libertad.
La televisión crea, paralelamente, una suerte de hipnosis, autómatas insensibles, seres víctimas de necesidades artificiales, del consumismo. En efecto, la televisión es capaz de sumir a los seres humanos en los niveles más profundos de inconsciencia, como el alcohol o las drogas. Y en el mundo actual, la televisión acapara buena parte de la vida humana. Un norteamericano de 60 años se habrá pasado en promedio quince años ante la pantalla de un televisor. Y los costarricenses no andan lejos. Los canales de televisión inventan toda clase de tretas para aumentar la alienación televisiva. Al final, la realidad se transmuta. Lo real de la vida se invierte y empieza a girar en torno a lo que ocurre en el televisor. Ningún acontecimiento llega a ser verdadero si no sale en la televisión, la cual define nuestra propia existencia.
Los educadores, convertidos en burócratas por el sistema, deben enfrentar toda clase de problemas como la pobreza, los dramas del hogar, la falta de recursos técnicos, de significados y terminan sin motivación. Hemos convertido la escuela en un campo de batalla, un conflicto entre alumnos, profesores, padres de familia y administradores. La palabra reforma es evocadora de toda clase de experimentos e intentonas que no pasan de maquillar un sistema moribundo.
Los políticos solo hablan de estos temas en campaña. No están hechos para desafiar sistemas. Y los educadores no son capaces de introducir los cambios, también los han convertido en piezas de un sistema que domina, ordena, manda, intimida. Son esclavos del reloj, de las fechas fatales del calendario y de los informes establecidos, como parte de una liturgia burocrática sin sentido. Los han montado en una “rueda de caballitos”, para ver cada día, cada semana, cada año, la repetición de un drama desgastante.
La escuela es hoy por hoy un ámbito de conservadurismo. Con todo y la frustración que genera el despiste de la política, la economía, la psicología, los sistemas de salud, el sistema educativo está todavía más rezagado. Y los jóvenes, cada vez más cansados, incitados a buscar el camino fácil, ni siquiera se dan cuenta de la aniquilación de su creatividad, su inteligencia, su curiosidad, su imaginación, de la oclusión progresiva de sus capacidades. Los colegios parecen prisiones, no solo por su estética, sino por el aire que se respira. Pero los estudiantes que logren escapar de este “Matrix” totalitario son una esperanza de la verdadera rebelión que abra las trochas del cambio.
De igual manera que los partidos políticos están al margen de los cambios que necesita el mundo, el cambio educativo no tiene a la escuela como su espacio natural. Los educadores realmente interesados por el cambio educativo son una minoría, la mayoría hacen su trabajo, pero su preocupación se centra en las condiciones laborales. Solo de contrabando podrían entrar las ideas nuevas, como una conspiración oculta, pues todo el sistema está regido por una burocracia central perezosa y retrógrada, orientada hacia el clientelismo político.
La hipnosis electrónica, esa dependencia existencial de aparatos manejados mecánicamente nos deshumaniza, somos un aparato más. La escuela es una formalidad, un proceso lineal cuyo objetivo es un título. Nuestro sistema ni siquiera ha llegado a deparar el ambiente liberal que lo inspiró, pues las prácticas políticas obsoletas y los prejuicios religiosos siguen siendo un freno para una educación humanista y crítica.
A todo esto, debe agregarse la falta de recursos, la obsolescencia de los objetivos, la ineficiencia de los métodos, la verticalidad, la desmotivación del personal docente, la distancia con la comunidad y la familia, el abuso del Ministerio de Educación contra los educadores, la incapacidad de los máximos responsables, los trastornos psicológicos y la segregación social creada por el auge de la educación privada: una especie de apartheid educativo surgido como resultado de la caída de la educación pública y de su incapacidad para responder a las demandas crecientes del mundo actual. La visión fragmentada de mundo, causante de la mayor parte de los males que sufrimos, tiene en esta realidad uno de sus más fuertes alicientes.
Costa Rica es un país que puede dar testimonio de la importancia de la educación en la formación de cualidades para lograr estabilidad política, mejoramiento económico y avance social. Y tiene experiencias que pueden ser útiles para una transformación, algo más que los remiendos hechos en los últimos tiempos. No podemos valorar los resultados como fracaso en virtud de la situación actual. Es preciso darnos cuenta que en 1947, de acuerdo con Isaac Felipe Azofeifa, el 80% de los educadores ni siquiera habían concluido la escuela primaria. Con ellos, se creó el Instituto de Formación Profesional, con lo cual se obtuvo un gran avance. El desafío de hoy nos sorprende con ventajas mucho mayores. En realidad, los problemas de calidad visibles están asociados a una expansión muy rápida, especialmente en la enseñanza media, que es donde se observan más deficiencias. Pero antes de plantear la naturaleza del cambio, es preciso saber qué hacer, cómo hacerlo, con quién hacerlo y quién puede iniciar un proceso de este tipo.
UNA REVOLUCION EDUCATIVA
Advierto que no es posible abordar todos los aspectos, pero comentar algunas ideas ayudaría a darnos cuenta de qué se trata. Empiezo por reconocer que el cambio necesario para lograr una educación para un nuevo paradigma trasciende el concepto de un modelo humanista, crítico y progresista. El propósito no es entrenar mejor la mente, o cambiar de filosofía. Se trata de hacer nacer el espíritu que llevamos dentro. Una mutación ideológica en las bases de la enseñanza sería como un viaje planetario. Cambiar de paradigma es viajar a otra galaxia. Por eso es necesario darnos cuenta que esto posiblemente venga acompañado de otros procesos semejantes en la política, la economía y la cultura. El mundo da signos de la urgencia para el viaje.
Paideia
La idea de sociedad educativa o la sociedad aprendiente rebasa el ámbito escolar a la hora de pensar en educación. Es la Paideia que concibieron los griegos, hace veinticinco siglos. Vivir es un proceso de aprendizaje, el cual no debe confinarse a la escuela, ni a una etapa determinada de la vida. Todo el quehacer humano debe verse desde una óptica educativa y entonces toda la comunidad debe involucrarse: el hogar, la fábrica, la oficina, los medios de comunicación, internet, las actividades artísticas, deportivas, hasta el ocio mismo debe estar impregnado de una intencionalidad de aprendizaje. El mejoramiento constante en el área cognitiva, emocional, espiritual y social debe ser una intención inmanente en toda actividad.
Recursos
Pareciera haber un consenso en destinar un 8% del PIB a educación y eso parece conveniente. Sin embargo, no lo es si se piensa en que solo con ello, vamos a lograr una educación de calidad, ajustada a los enormes y fascinantes retos de nuestra era. Más recursos para hacer lo mismo es poner más combustible para avanzar en la dirección equivocada. Si nuestra carrera se dirige al norte, poner autos de más potencia para avanzar hacia la dirección contraria solo logrará alejarnos de la meta. Pensar que mejorar la educación es simplemente dotarla de más recursos puede conducir a profundizar más las lacras y despropósitos. Sí conviene poner más recursos, hacer un mayor esfuerzo por parte de toda la sociedad, pero antes de eso, debe ponerse sobre la mesa de discusión, la necesidad de una transformación real.
Amar el estudio
El paso inicial de la estrategia consiste en recuperar el significado del proceso educativo, valorarlo, disfrutarlo. Quien ama el estudio seguirá aprendiendo toda la vida, contrario a lo que ocurre ahora: los jóvenes están deseando salir de clases, a vacaciones, concluir los estudios. No tener que leer más, ni hacer exámenes, ni tareas. Lo que más aprenden los jóvenes al terminar estudios secundarios es detestar el estudio, la lectura. Poco se va a lograr si no se cambia esta realidad. Ligar el estudio con experiencias como gusto, placer, gozo, alegría y amor puede agregar el “eros” que Platón vio como ingrediente fundamental para el aprendizaje. La mejor maestra no es la que sabe más materia, sino la que enseña a amar al estudio. Una vez hecho esto, el aprendiente podrá seguir por sí solo. Solo necesitará una guía. Educarse en estas circunstancias, se parecerá más al camino del autodidacta, que aprende por amor, no por obligación.
Inteligencia emocional
Desde que Daniel Goleman acuñó el concepto ha surgido una verdadera explosión de aportes sobre este tema. El Colegio ILPPAL sigue mostrando resultados sorprendentes con una serie de ideas relacionadas con este concepto. Cuando pregunté cual era el factor individual que más influiría en su éxito, me dijeron que sería la eliminación de todo tipo de violencia, hasta en los detalles menos perceptibles. Así logran acabar con el miedo inherente a buena parte de las relaciones humanas, freno eficaz para el crecimiento y el aprendizaje.
Aprender a manejar emociones es posiblemente la destreza más importante en la vida. Muchos fracasan habiendo obtenido doctorados, o después de lograr fortunas, porque el analfabetismo emocional, propio de la inmensa mayoría de los seres humanos, acaba destruyendo relaciones hasta con los seres más queridos, creando enfermedades de todo tipo y saboteándolo todo. Hay tareas más importantes que enseñar materia o atosigar de información las mentes. De todas maneras, el inmenso potencial de Internet tendrá algo que decir sobre una educación cuyo fin es poner en nuestro cerebro apenas millonésimas del conocimiento disponible. ¿Qué clase de objetivo es este?
Recuperar la autoestima, la capacidad de valerse por sí mismo, formar el carácter, la asertividad, la espontaneidad, la empatía, la responsabilidad, la fe en uno mismo, la alegría y la capacidad de vivir plenamente es mucho más importante que seguir igualando educar con informar. Saber reconocer las emociones y manejarlas es esencial. He aquí otro de los grandes rumbos de una nueva educación.
Aprender a aprender
Aquí se inicia el camino. No se trata simplemente de mejorar las técnicas para ampliar los conocimientos y más eficacia en crear destrezas. Las investigaciones comprueban la existencia de grandes capacidades aletargadas por la inconsciencia y nuestros métodos educativos. En lugar de centrarnos en los contenidos, debe ponerse el énfasis en desarrollar nuestra capacidad de aprender plenamente, en mantenernos alertas, abiertos, creativos, flexibles. Ver el aprendizaje como un proceso, no como un producto. Darnos cuenta que es posible lograr mejores resultados cuando el proceso se centra en el aprendiente, no en el enseñante. Este debe convertirse en un guía, en un facilitador, un catalizador, un promotor de aprendizaje y partero de ideas nuevas.
Aprender es un viaje personal para el cual debemos recuperar la fe en nosotros mismos, nuestra autonomía y darnos cuenta que tenemos un cerebro con grandes capacidades, subutilizado porque el sistema limita sus expectativas. Tenemos grandes velas, pero recurrimos a los remos para avanzar. El solo agregar diversión a los procesos de aprendizaje produce resultados sorprendentes. Asociar alegría y placer en el estudio no es algo desconocido, pero cada vez se comprueban mejores resultados.
El proceso educativo actual se centra casi solamente en potenciar el hemisferio izquierdo del cerebro, más especializado en procesos racionales, lineales, analíticos, lógicos, en combinar bien la información disponible, en el lenguaje. El hemisferio derecho se especializa en la imaginación, el contexto, la intuición, en las relaciones, en lo incierto. Ahora se trata de aprender con todo el cerebro. Hacerlo desencadena capacidades extraordinarias para aprender y para crear, pero la estrategia educativa está basada en el logos, la razón, el análisis, el avance en la dimensión horizontal del conocimiento. Ahora se trata de desarrollarnos en la dimensión vertical del crecimiento mental, emocional, psicológico y espiritual y luego en adquirir información. Al profundizar es más fácil ver el panorama que hay en la superficie. El aprendizaje se acelera por esta vía y los jóvenes acaban con mucha más cultura, destrezas e información.
Aprender a aprender, aparte de estimular nuestra capacidad, implica una educación para innovar, soñar, cuestionar, inventar, discutir, crear, discrepar, criticar. Aquí, es más importante que el aprendiente haga su propio poema que recitar de memoria los de los grandes autores.
Esta es la razón por la cual, el proceso actual de aprendizaje, aun cuando tiene éxito en llenar los “discos duros” del cerebro de datos e información, también logra reducir la inteligencia, la capacidad de relacionar, de construir, de imaginar. Normalmente se asocia la palabra aprender con memorizar. Este aprendizaje se confina casi solo al propósito de responder para un examen y al poco tiempo se olvida. El estrés implicado empieza a crear un rechazo automático del proceso en sí mismo.
Es preciso dar un giro y reconocer de una vez por todas que informar no es educar. La información necesita de la experiencia para convertirse en conocimiento, y el conocimiento necesita trascendencia para convertirse en sabiduría. Y esto empieza a ser un propósito indiscutible para formar los seres humanos capaces de superar esta gigantesca tormenta entrópica causada por los excesos del paradigma materialista. Aprender a aprender, aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a convivir deben culminar con el aprender a ser. He aquí el más hermoso desafío del momento. ¿De qué se trata?
Educación Transpersonal
Esta idea se resume en el concepto de aprender a ser: el verdadero ser humano libre. Pensamos que alcanzamos la libertad cuando eliminamos la opresión y logramos pensar y expresarnos libremente. Ninguna tiranía es mayor que la de nuestra propia mente, nuestro ego. Ni siquiera nos damos cuenta de que en realidad no pensamos, algo nos piensa. Que no hacemos nada, ni tomamos decisiones libres. Vivimos al lado de espejismos, lo que vemos son reflejos, no la realidad. La Educación Transpersonal nos puede guiar hacia la conquista de la presencia, del ser y entonces sí, experimentar a plenitud nuestra propia vida. Existen todo tipo de especulaciones en torno a una nueva etapa de la historia humana. Hasta ahora hemos vivido la prehistoria del espíritu y no hay necesidad de sumarnos al cúmulo de teorías en torno a un cambio de época cósmica. El reto es obvio.
Para actuar ante los hechos y hacer algo, es preciso ser. Para “hacer” debemos “ser”. Esta es la razón por la cual lucimos como impotentes ante el avance de la crisis. Para cambiar las cosas, creadas desde la inconsciencia, es preciso despertar. Este es el sentido que tienen las teorías que anuncian el inicio de una nueva civilización. Algo de más alcance que un nuevo orden político mundial. Hace varias décadas, Teilhard de Chardin sostenía que la humanidad estaba entrando en una nueva fase y era solo cuestión de tiempo para percibir una expansión mundial de la conciencia. Prepararnos para un salto cuántico de la conciencia, para despertar, lograr el ser, la presencia, el estado de conciencia lúcida del instante presente, eso es trascendencia, Educación Transpersonal. Con ello, nos liberamos de la hipnosis, del sonambulismo, de la prisión de una mente que suplanta nuestro ser verdadero.
La educación convencional pretende preparar al individuo para ajustarlo a la sociedad tal y como se percibe. Pero en ello predomina el espejismo de una sociedad que ya feneció. De lo que se trata es de formarnos para un mundo en transición y cambiarlo como producto de nuestra expansión de la conciencia. La crisis ecológica, energética, económica, política, alimentaria y cósmica en la que estamos entrando no tiene solución desde una perspectiva de un modelo mejor, o de una ideología más eficaz. Ahora se trata de nuestra propia transformación.
La Educación Transpersonal tiene un gran contenido científico, pero se distancia de los estrechos moldes de la ciencia mecanicista, el positivismo, el reduccionismo y trasciende los límites de la razón y el logos que han reinado durante varios siglos, como el cimiento del menú ideológico de la modernidad. Tiene sólidos vínculos con la teoría del caos, la física cuántica, la relatividad, la teoría de estructuras disipativas, los campos mórficos, la ecología, la concepción caórdica, los estados elevados de la conciencia, la relación mente-cuerpo, la salud holística, el paradigma holográfico y la visión de un mundo totalmente integrado. Aprender a trascender implica un entrenamiento con técnicas que apenas empiezan a aplicarse en las escuelas de algunos países como la meditación, el yoga, las artes marciales, la respiración observada, la búsqueda de los llamados estados alterados de conciencia.
Esto es despertar, estar atentos a cada instante, a escaparnos del dominio del torrente de pensamientos locos que dominan nuestra mente. Se trata de lograr la presencia, derrotar la ausencia mental, la enajenación, la hipnosis.
Conócete a ti mismo –Gnoti Seauton-, eran las palabras escritas a la entrada del Templo de Apolo en Delfos, en la antigua Grecia. La frase se atribuye a Sócrates, pero parece venir de mucho más atrás. Conocerse uno mismo significa descubrir el espíritu suplantado por el polizonte del ego que nos ha ocupado. Abundan las tesis que sostienen que la proliferación de genios en una etapa corta, como ocurrió en Grecia, o durante el Renacimiento, está ligada al uso de psicotécnicas dirigidas a potenciar nuestras capacidades a través de la liberación del Ser.
Se piensa que el uso de los dos hemisferios del cerebro y el desarrollo de estados de conciencia que permiten variadas interconexiones cerebrales ha sido una de las formas de explicar la inusitada inteligencia y creatividad de los grandes genios. Mozart sentía que la música le brotaba y Miguel Ángel simplemente sacaba las figuras que supuestamente ya estaban en el mármol. Algo tenían en común con una mente como la de Einstein, para quien la imaginación era más importante que el conocimiento. Sin embargo, estas no son facultades exclusivas o un don especial de mentes prodigiosas. Es una capacidad humana natural y solo necesitamos aprender a manifestarla.
En efecto, aprender a estar presentes, a ser conscientes, a estar plenamente despiertos y alertas desencadena facultades aletargadas capaces de lograr que el joven aprenda mucho más y logre más cultura e información que en el actual sistema centrado en la información. Desarrollar el conocimiento sin conciencia, conocer sin ser, entraña grandes peligros. Tecnología sin sabiduría es poder a ciegas. Es como dar una navaja a un simio en medio de una manifestación. Conocer sin ser es tan riesgoso como un adolescente manejando una motocicleta a toda velocidad, en la noche y sin luces. Eso es precisamente lo que hace la humanidad embelesada en el progreso tecnológico y los encantos del consumismo.
La educación transpersonal, tal y como expone Marilyn Ferguson, en la Conspiración de Acuario, prefiere centrarse en buscar la auto-trascendencia que en formar bárbaros ilustrados y para ello, intenta colocarnos en el umbral de nuestro propio espíritu y mostrar al individuo el gran misterio que habita dentro de sí mismo. Con ello, será posible empezar a desencadenar generaciones de seres libres y geniales, con facultades capaces de acelerar el aprendizaje y la capacidad de crear e innovar. Solo es necesario aprender a concentrarnos en el instante presente, estar presentes, atentos, conscientes.
En lugar de la lógica lineal, el cerebro humano está preparado para construcciones holísticas, sincrónicas, capaces de generar procesos mucho más veloces y abarcadores. Pero lo que hoy se sabe rebasa incluso los análisis hechos desde la perspectiva de la capacidad cerebral. Simplemente el estado consciente induce niveles de inteligencia mucho más altos que la mente lógica y analítica, y son los que suscitan las manifestaciones geniales. Desde la perspectiva cerebral, el hemisferio izquierdo ya no es capaz de generar las facultades necesarias para producir las conductas, ideas y valores propios de un estado superior de la existencia humana. Sin la capacidad intuitiva, el ser humano jamás habría alcanzado los actuales estadios de la evolución. El error ha sido atribuir todo este prodigio a la razón y al análisis lineal.
Esta educación nos enseña a mirar hacia adentro y, sin embargo, ver las estrellas. Fritjof Capra logró descubrir cómo las grandes verdades develadas en los laboratorios de física, a través del riguroso método científico, habían sido expuestas a los místicos de antiguas culturas a través de este encuentro consigo mismo. Con ella, podremos encontrar complementariedad donde hubo contradicción. Aquí se juntarán la ciencia y el arte, el humanismo con la tecnología, la ecología con la economía, lo antiguo con lo moderno, la igualdad con la diversidad, la cooperación con la competencia, la razón con la intuición y muchos otros dilemas más. En realidad, las palabras del oráculo decían: Conócete a ti mismo y conocerás a los dioses y el universo entero.
Plantear estas cosas como parte de un reto para lograr una educación humanista quizás rebasa los alcances de lo que se considera posible. Sin embargo, creo que hacia allá vamos y solo con ello, podemos concebir una nueva humanidad capaz de trascender los problemas de hoy. Einstein sostuvo que “ningún problema puede ser resuelto dentro de la misma conciencia que lo creó”, y eso es precisamente lo que debemos plantearnos.
El grado de entropía generado ya no tiene solución dentro del actual orden, ni siquiera reviviendo el ideal ético que dio origen al socialismo. Este es el nuevo camino para resolver nuestros problemas sociales y ecológicos, lo cual no ocurrirá por la aparición de un nuevo modelo económico o una nueva teoría mesiánica de revolución política. La sociedad humana es una estructura disipativa, como enseñó Prigogine. Como tal, logrará que el desorden de hoy siente las bases de un nuevo orden. Los problemas serán trascendidos por la emergencia de una nueva cultura. He aquí la necesidad imperiosa de una nueva educación: aprender transforma desde adentro, desde abajo. El cambio en el mundo no será posible un nuevo ser humano, con una nueva cosmovisión, y cambio en sus ideas, sus valores, sus relaciones con los demás y con el entorno natural.
LA EDUCACION A LA CARTA
La sociedad del conocimiento opera con parámetros diferentes a los de la era industrial. Con esta, surgió la masificación de la educación como parte de una necesidad de formar obreros disciplinados para trabajar en tareas repetitivas, mecánicas. Entre los cambios de hoy, vemos surgir, al margen del sistema educativo formal, una oferta de posibilidades educativas casi infinita. Se ofrecen cursos de todo tipo por medio de las facilidades de las tecnologías de información y en el propio Internet se encuentra una variedad increíble de posibilidades educativas de manera gratuita. Pensar que la escuela pueda competir con esto es una quimera. Y más bien, esta debe evolucionar para abandonar la masificación a cambio de un tipo de educación en la cual el aprendiente escoge las materias libremente, al lado de una formación básica común.
Cada día resulta menos apropiado concebir la educación como una forma de pasar información o conocimiento en la mente de una persona. Si lo que tenemos es una canoa, no pretendamos vaciar el océano en ella. De lo que se trata ahora es aprender a navegar, prevenir, capacitarnos para lo incierto, desarrollar la inteligencia y saber valorar de manera crítica la información que acumulamos.
Las verdades absolutas en torno al mundo objetivo y el dogmatismo que subyace en ellas no son la forma de afrontar la complejidad creciente de la realidad. Y ahora sabemos que existen talentos especiales para cada quien que se expresan en diferentes inteligencias. Atosigar ecuaciones en la mente de un joven artista logra anular su genio, sin enseñarle bien funciones matemáticas. Cada uno es un aprendiente que diseña su viaje con la guía del enseñante, sin que este deba empezar por llenar su mente de materia.
La materia está más disponible que nunca en Internet y las redes de información y, sin descartar una formación sólida en el manejo del idioma, el lenguaje y la comunicación, o bien en el desarrollo de una cultura científica y social básica, es más útil dotar al joven de destrezas para vivir, y realizarse en la nueva civilización cuyos destellos apenas empezamos a distinguir. De acuerdo con su capacidad innata, su preferencia y sus aspiraciones, el aprendiente deberá escoger parte de su currículo. Esta educación no puede propiciar el facilismo. Debe ser más rigurosa que la actual, solo que en lugar de usar el miedo como estrategia, se usa el amor, la alegría, el gozo para lograr los objetivos.
De Enseñantes a Aprendientes
Todos somos aprendientes y enseñantes de por vida. Nuestra misión es aprender y enseñar. En cada actividad de la vida social, política y económica, debe abrirse un vector educativo claro. Hasta ahora, el modelo educativo se ha basado en educadores, aulas, en la jerarquización y en el uso de métodos dictatoriales (la letra entra mejor con sangre). Si el objetivo era lograr que una persona le pasara la información de su mente a otra persona, era comprensible el método. Pero esto ya no es posible. La educación debe centrarse en el aprendiente. El educador no pretenderá más ser el sacerdote, el autoritario evaluador para convertirse en guía, facilitador, promotor y motivador.
El aprendiente arranca con más ayuda en las primeras etapas para aprender las cuestiones básicas como la escritura y la lectura. Sin embargo, hasta en ello deben hacerse cambios para que el niño aprenda a leer correctamente. Buena parte de los problemas educativos del momento se debe a que un alto porcentaje de niños no han aprendido a leer. El sistema los da por aprobados cuando son capaces de convertir las letras en sonidos, sin verificar la comprensión y mucho menos desarrollar el lector experto, capaz de ajustar la velocidad de su lectura al texto, a su gusto, a su comprensión máxima. Al hacer esto, y en lugar de enseñarlo a detestar la lectura, aprende a deleitarse con ella, estamos dando el primer paso para que ese aprendiente empiece a navegar con vela propia, desarrollar autonomía, capacidad para pensar, para sentir y apreciar sus sensaciones como parte de la información esencial, a discrepar, a manejar sus emociones, a cuestionar y alzar vuelo con base en su propio sueño.
Educación Holística
Este es otro concepto, más conocido y pretende ser la expresión educativa más cercana al nuevo paradigma. En efecto, este término, o bien, el concepto holográfico son utilizados para denominar este nuevo escenario de la evolución humana. De hecho, varios autores hablan de diferentes estados de la conciencia humana a lo largo de la historia, distinguiendo entre ellos algunos períodos más relevantes, cuyos nombres claramente reflejan su naturaleza: mitos, teos, logos y holos. Una era mitológica dio paso a una más avanzada, llamada teológica, más próxima a los inicios de la civilización y el Estado, a través de las teocracias de la antigüedad. Un largo período de formación ideológica bajo el nombre de logos, donde se consolidó la razón, la ciencia, el análisis y otros rasgos de nuestra era. La crisis nos empieza a anunciar una nueva etapa holística.
Y también hay un concepto de educación holística, el cual contrasta con la educación compartimentada por materias y temas, base de la visión fragmentada del mundo y de la filosofía reduccionista. En la educación holística, émulo de la concepción ecológica, todo está interrelacionado, todo está conectado. Y así como 50 billones de células del organismo humano están totalmente relacionadas unas con otras, la educación no necesita compartimentar, fraccionar y todas las materias se integran en un solo aprendizaje. Historia no se ve por aparte de la ciencia, ni la literatura de los estudios sociales, como tampoco la matemática se ve como un lenguaje aislado, sino como parte de una destreza útil en música, las artes y así sucesivamente.
El universo es holográfico, holístico. Ha sido la mente humana la que lo ha fragmentado como ha hecho la medicina con el cuerpo humano. Pero ese reduccionismo no es natural. Todo en la naturaleza nos muestra la rica interrelación entre cada unas de sus partes. Para comprenderlas es necesario verlas en su contexto. Y esta es la base principal de un nuevo enfoque educativo. A esto se suman otras ideas como las comunidades de aprendizaje, los criterios de las inteligencias múltiples, el entrenamiento de los dos hemisferios del cerebro, el ensanchamiento de la conciencia, el carácter multidimensional de la naturaleza humana (individual, social, espiritual, emocional, cognitiva y estética), la desjerarquización del proceso, la transdisciplinariedad, el desarrollo ético, la interdependencia y el trabajo en redes. Como se puede ver, es una propuesta con una enorme riqueza conceptual.
Evaluación
Un sistema nuevo como el propuesto habrá de tener su propio sistema de evaluación, la cual estará más basada en el resultado de los trabajos, la investigación, la exposición en grupo que en la medición basada en exámenes de marcar las respuestas correctas. En lugar de obsesionarse por la respuesta correcta y castigar severamente la respuesta incorrecta, se busca la respuesta creativa. Exámenes como las pruebas de bachillerato deben ser sustituidos por un control de calidad a lo largo del proceso, basado en los mismos criterios con que se construye el aprendizaje. Quien aprende para un examen rápidamente olvida la materia.
La información se convierte en conocimiento a través de la experiencia, de la práctica, no a través de la memorización. El sistema de evaluación actual tiende a enmarcar el proceso como un todo y la propia evaluación resulta ser lo más importante. Y es lo que más consume el tiempo de los educadores y lo que más genera estrés en el proceso.
Una educación holística o transpersonal no tiene por qué ser menos demandante. La diferencia estriba en que la evolución del aprendiente busca mecanismos múltiples, interrelacionados. Por ejemplo, las pruebas en equipo se parecen más a las retos de la vida cotidiana. En el sistema actual, se plantea el problema, se dan los datos y el estudiante resuelve. En la vida, lo primero que debe descubrirse es el problema mismo, luego buscar los datos, someterlos a valoración crítica, hacer los cálculos o el análisis crítico, para obtener luego los resultados. La vida anda lejos de ser mecánica y la cantidad de trastornos psicológicos, la paranoia, las adicciones y la frustración surgen, entre otras cosas, como producto de intentar forzar la realidad de acuerdo con una epistemología incapaz de describirla.
Otros temas
Quedan por fuera una gran cantidad de temas de una gran importancia como la nueva administración educativa, el verdadero significado de una necesaria descentralización, la puesta en marcha de la sociedad aprendiente, la educación técnica, la educación universitaria, los educadores ante el cambio y otros más. Sin embargo, la formación de los educadores es un punto crucial que merece más atención.
Buena parte de los resultados y las frustraciones del actual sistema brotan desde la formación profesional en las universidades. Con solo percibir el aire conventual que predomina en algunas de estas facultades es suficiente para comprender lo que pasa. El énfasis en la utilización de instrumentos didácticos convencionales, el reduccionismo en la cosmovisión, el conservadurismo filosófico, la visión del educador como una figura de autoridad con poder para premiar y castigar, la separación con los aprendientes, la verticalidad del sistema y muchos otros aspectos más, hacen muy difícil que los educadores se inclinen por cambios más profundos. Cuando mucho, apenas se oye hablar de ideas para mejorar el trabajo en el aula. Jamás cuestionar la esencia de un sistema de por sí enajenante y formador de seres mecánicos, acríticos, egoístas, timoratos y maestros de la apariencia.
Estos rasgos perfilan al ser humano de esta arrogante y decadente era que muestra ya los signos de su desfallecimiento con la crisis mundial multifacética, la cual, describe tanto el fracaso de las ideologías del materialismo mecanicista, como la calidad del ser humano que imprime su alienación en el mundo que estamos viviendo.
La formación y el papel de los educadores para este nuevo mundo educativo es algo esencial, una variable crítica. Como no creo que el cambio lo vayan a iniciar quienes hoy dirigen el sistema o los responsables de la formación de docentes, pienso que este no será un proceso lineal, lógico. Empezarán a aparecer los precursores, individuales e institucionales. Para quienes ven la necesidad de reforma profunda o de revolución en el campo político, conviene tener presente que nada ocurrirá porque alguien lo decrete sino se ha producido en la conciencia colectiva. El proceso ya ha arrancado en diversas partes del mundo. Pronto lo veremos tan natural como si lo hubiéramos tenido todo el tiempo. Y ese será el instante en que habremos de empezar, como ya se dijo en un doloroso instante, a recorrer el camino por las grandes avenidas donde transite el ser humano libre.
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