Tuesday, September 21, 2010

COMO CREAR UNA NUEVA ESFERA PUBLICA: ALGUNAS REFLEXIONES

Como crear una nueva Esfera Pública: algunas Reflexiones
Claudio Vasquez L

Si revisamos las encuestas realizadas en los últimos cinco años veremos que los chilenos estamos llenos de temores: Perder el empleo, una vejez sin protección social, la delincuencia, los emigrantes del Cono Sur, no tener acceso a una educación digna para nuestros hijos, etc. Las parejas jóvenes no se atreven a tener hijos por causa de los miedos que acosan a nuestra sociedad.

El miedo en Chile tiene dos componentes: por un lado, miedo concreto a perder el trabajo, y por el otro, el miedo más general que es expresión de la precariedad con que enfrentamos esta sociedad global.

Hoy el mundo es fuente de peligro: El calentamiento global, la crisis de los carburantes, son ejemplos de situaciones que no manejamos y que inciden profundamente en nuestras vidas.

Paolo Virno, filosofo italiano, dice que el miedo por un motivo determinado (perder el trabajo) era algo socialmente gobernable y que ahora, en cambio, en la globalización las dos cosas son una sola: es decir, cuando siento un miedo por un peligro concreto siento también mi precariedad y la del mundo como tal.

El Estado ha perdido su capacidad de ser un Estado Nacional que cobija a todos los hijos de “la Nación” y hoy en la medida que la economía se mundializa, se globaliza, muestra sus profundas disfuncionalidades.

Jurgen Habermas, en su Teoría de la Acción Comunicativa, describe como el tipo de organización social y económica que se basaba en el intervencionismo estatal en la economía, la democracia de masas, el Estado de bienestar social, que caracterizó las sociedades occidentales de posguerra, se ha venido al suelo con la globalización y con ello la organización del “Estado Social” que neutralizaba los conflictos sociales.

El proceso arriba descrito repercute con fuerza inusitada en “países localizados” como el nuestro. Ser local en un mundo globalizado, nos dice Zigmunt Bauman, es señal de penurias y degradación social. En efecto, las elites de los globalizadotes son extraterritoriales y abarcan todas las esferas de la producción de ideas, valores y mercancías. Mientras el capital fluye libremente a nivel global, la política sigue siendo local.

En Chile, este proceso hace emerger un nuevo modo de ser en la esfera pública que se caracteriza por el hecho que el Estado se volvió obsoleto, inadecuado.Esto produce inequidades y pérdida de confianza de la ciudadanía en la democracia y sus instituciones. Ya no basta con votar, porque al final de cuentas los políticos hacen lo que quieren y no lo que el voto popular los obliga (caso Transantiago). El ciudadano en sociedades periféricas como la chilena actual no cuenta.

¿Qué hacer ante esta situación? A mi juicio, el único camino es permitir que los ciudadanos expresen sus singularidades a través de organizaciones propias. El movimiento pingüino es un ejemplo paradigmático de este proceso nuevo y están emergiendo otros movimientos sociales, al margen y en contradicción con la esfera estatal. Pareciera ser que estamos ante un fenómeno de democracia no representativa, que se abrirá camino con o sin la anuencia de los partidos políticos.

Los partidos políticos hoy por hoy no son fuente de cambio social: por el contrario, en muchos casos lo limitan.

El nuevo estilo ciudadano impulsado por la Presidenta Bachelet ha descolocado a la clase política nacional. No lo entiende y por eso se equivoca al interpretar las señales de rebeldía de la gente, cuando justamente es este nuevo estilo el que alimenta las bases de la nueva sociedad.

Con Michelle Bachelet hemos iniciado una nueva época ciudadana, que se caracteriza por la exigencia de más participación y la búsqueda de nuevos canales de expresión.

Si no entendemos que la sociedad globalizada del futuro esta llena de inestabilidad y precariedades, estamos dando palos de ciego. Lo que necesitamos es más y mejor educación, seres humanos más comunicados, informados y por lo tanto más socializados.

El futuro puede “estar lleno de promesas pero también de terrores” nos dice Virno. Para él, la idea de futuro no está garantizada por la idea de progreso y por eso hay tanto miedo a lo que viene. Por lo mismo, nos dice, hay que intentar hacer algo nuevo aquí y ahora.

Finalmente, permítaseme una breve disquisición sobre el tema de la felicidad:

Aristóteles, discípulo de Platón, le asignó gran importancia al estudio de la felicidad. Para el filósofo, el bien más elevado o bien supremo es la felicidad y por ello todos los hombres se proponen alcanzarla. Para él la felicidad consistía, entre otras cosas, en la posesión de la sabiduría. En todo caso, según el filósofo, la tarea de los seres humanos es el supremo bien, que sólo se alcanza a través de la política.

Más tarde en el tiempo, en el siglo XVIII, el filósofo ingles Jeremy Bentham sostenía que la mejor sociedad es aquella en la que sus ciudadanos son más felices. En ética y moral (en el ámbito privado), tanto para Aristóteles como para Bentham, la acción mejor será aquella que otorgue felicidad a un mayor numero de personas. En relación a lo anteriorm el economista Richard Layard, en su libro “La Felicidad”, nos dice “que este es el máximo principio de la felicidad: fundamentalmente igualitario, porque la felicidad de todos cuenta por igual; y también fundamentalmente humano, porque sostiene que en última instancia lo que importa es lo que sientan las personas”.

Algunos piensan que la felicidad es un bien privado. En efecto, así lo cree también el filosofo Thomas Hobbes -citado por Layard- cuando propone que deberíamos pensar en los problemas humanos considerando a los hombres ”como si acabaran de brotar de la tierra y, de repente (al igual que los champiñones), llegaran a la total madurez, sin ningún vinculo entre ellos”.

Yo en cambio la pienso como un bien colectivo: así como la política es una necesidad que no podemos eludir para la vida humana, tanto individual como social, la felicidad es algo relacionado con mi mente y la de otros, por lo tanto es una mente pública. Hannah Arendt habla de felicidad pública, para expresar de lo que se trata es “asegurar a muchos el sustento y un mínimo de felicidad”. Esto en contraposición a la antigüedad, cuando unos pocos se ocupaban de la filosofía (política) en desmedro de la gran mayoría. El ser humano, como nos dice Arendt, no es autárquico, sino que depende en su existencia de otros.

Encuestas realizadas este año en Europa Occidental sobre los factores que influyen en la felicidad humana nos muestran que el amor es el “bien supremo”, seguido por vivir en familia, la salud, el trabajo, la sociedad y el dinero: todos ellos son factores que contribuyen a la felicidad humana. Como podemos ver, a pesar de todo, el dinero y el consumo no han matado al ser social.

La política debe concurrir a este propósito. Desgraciadamente, en buena parte del mundo actual el accionar político tradicional genera precisamente el efecto opuesto: profunda infelicidad, incertidumbre y desesperanza en las personas.



Santiago, 29 de Noviembre 2007

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