Miércoles 9 de enero de 2008
Por Claudio Vásquez Lazo, dirigente del PPD
TRIBUNA
Los auténticos decadentes
Las políticas de protección social a los más débiles han cambiado la cara del país. Dichas políticas son una realidad y eso no lo puede manipular la propaganda del desalojo.
La Encuesta de opinión entregada por el CEP en diciembre nos confronta con la realidad: los ciudadanos no aprueban el accionar de los partidos -sean de gobierno u oposición- con un resultado final que suma cero. Todos los sondeos muestran que la Alianza no ha logrado capitalizar la baja de la Concertación. El Gobierno de la Presidenta Bachelet, por su parte, según la misma encuesta, ha frenado su caída entre junio y diciembre.
Analizando someramente, no podemos sustraernos a las señales: la derecha y su estrategia del desalojo, de que todo se ha hecho mal, de que el futuro es negro con la Concertación y que es preciso desalojarla, es rechazada por la opinión pública. Porque sólo 20% aprueba la forma cómo la Alianza está desarrollando su labor y 80% cree que Gobierno y oposición deben trabajar unidos. A sólo 21% le parece bien que los parlamentarios de la Alianza voten contra proyectos del Gobierno; sólo 14% cree que el rol más importante de la Alianza es fiscalizar, y apenas 3% piensa que éste sea criticar los proyectos del Gobierno.
Concuerdo con Pepe Auth, sociólogo experto en encuestas y secretario general del PPD, cuando afirma que "hay una visión muy crítica de los partidos políticos y de los parlamentarios en su globalidad. Están instalados los elementos de opinión para una crisis del sistema político, a menos que se hagan reformas importantes". Los ciudadanos, en especial los santiaguinos, pueden estar molestos con la Concertación, pero eso no impide que en la encuesta la evaluación de los últimos diez años y el optimismo para el futuro, 65% afirme que "las oportunidades para surgir y mejorar sus condiciones de vida son mejores que hace diez años", "para personas como usted" y "para los más pobres". El 53 por ciento cree que 2008 va a ser "muy bueno" o "bueno" "para el país"; y un significativo 67% de los encuestados cree que será bueno o muy bueno para "Ud. y su familia". Para Auth, "éste no es un buen clima de opinión para levantar un discurso de crítica total, es más bien favorable para quienes se comprometen a mejorar las cosas a partir de la realidad actual".
El lector se preguntará ¿por qué la ciudadanía no engancha con la campaña de demolición de la Concertación y su Gobierno que la derecha ha implementado, con su hasta ahora fracasada estrategia del desalojo?
Los especialistas en relaciones públicas y marketing de la derecha al parecer no se han dado cuenta de que no es lo mismo vender un producto de consumo masivo -una TV o un perfume- que hacer cambiar las opiniones y posiciones políticas de los ciudadanos. La maquinaria mediática que apoya sin contrapeso las políticas obstruccionistas de la derecha no basta: la ley de la oferta y la demanda corre para el mercado -en que los poderosos siempre ganan-, pero no para el mundo de las ideas.
Los ideólogos de derecha nos prometen un 2008 con "un giro en la calidad de la política que se está haciendo en Chile. Desde 1990, ésta se ha venido deteriorando", además de un nuevo estilo de hacer política. Esta "buena intención" choca con la realidad, puesto que, por un lado, no es la derecha adalid de los cambios que permitan una sociedad más equitativa y, por el otro, su campaña para destruir la imagen del ex Presidente Ricardo Lagos y de otras personalidades así lo demuestran.
Las campañas para desfigurar la imagen de lo obrado por la Concertación -y no me refiero al Transantiago- son síntomas de que la derecha se ha quedado sin discurso constructivo. Nos acusa de obsolescencia y decadencia. Pero quienes lo hacen son los mismos que no han trepidado en aprobar mil pesos en la Ley de Presupuesto de este año para el funcionamiento del Transantiago, mofándose, de paso, de millones de santiaguinos, que ellos dicen defender.
En las dos últimas décadas del siglo XIX se desarrolló en Francia un movimiento cultural y político de corte aristocrático y clasista: el decadentismo. Lo opuesto era el positivismo, cuyo acento estaba puesto en la fe de las posibilidades del ser humano y su sociedad. Con el fracaso del positivismo y su filosofía se desarrolla una "postura vital del fracaso, de la desconfianza en las posibilidades del otro y las propias". La derecha chilena perdió su escudo protector y el tema que hoy la aflige es cómo recuperar los privilegios heredados del régimen militar, perdidos en los años de Gobierno concertacionista; los derechos de gobernar, adquiridos de cuna, les han sido arrebatados por ciudadanos comunes y corrientes.
Cuando la locura homicida de la dictadura se enseñoreaba por el suelo patrio, no sólo no dijeron nada, sino que la avalaron y lo hacen hasta hoy, como sucede con los crímenes de lesa humanidad. En la práctica no le interesan los derechos ciudadanos, y la democracia para ellos es instrumental: vale mientras no les toque el bolsillo. No han logrado desprenderse de la visión del Estado como una mera prolongación de su patrimonio personal. La tesis del desalojo es una demostración evidente de esta concepción. Los auténticos decadentes están en los partidos e instituciones de derecha incapaces de legitimarse como demócratas y republicanos. Su matriz autoritaria es el yugo del que no se han desprendido, y es ése y no otro el motivo que los ha transformado en nuevos profetas de la desconfianza y el derrotismo.
Las políticas de protección social a los más débiles han cambiado la cara del país -¡qué duda cabe!- en los cuatro gobiernos concertacionistas. Falta mucho para tener una sociedad más justa. Pero dichas políticas son un dato de la realidad que los chilenos viven a diario, y eso no lo puede manipular la propaganda del desalojo. El ciudadano hoy molesto con la Concertación espera que rectifiquemos los errores cometidos y profundicemos la agenda de cambios que permitan una sociedad más igualitaria; que cuidemos la unidad y modernización de la coalición y apoyemos los proyectos que impulsa la Presidenta Bachelet.
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