“La política debe concurrir a este propósito. Por desgracia,
en buena parte del mundo la política tradicional genera lo opuesto:
infelicidad, incertidumbre y desesperanza en las personas.”
MÁS FELICIDAD PARA CHILENAS
Y CHILENOS es un documento profusamente discutido en los círculos diligénciales
del PPD. Ante el bicentenario estamos confrontando ideas y propuestas que nos
permitan seguir construyendo un Chile libertario, que combine el desarrollo
económico con niveles progresivos de igualdad y bienestar. Podemos decir que en
nuestra corta vida -recién celebramos 20 años- nos hemos cateterizado por ser
el partido del cambio. Calamos hondo con nuestro mensaje en un sector
ciudadano.
Ampliar las
libertades ciudadanas, garantizar mayor acceso femenino a niveles de decisión,
respetar a la Tierra
; aceptar la diversidad sexual, respetar los derechos del niño, el anciano y
las etnias; impulsar reformas a la educación, laborales y previsionales: ésas han
sido algunas de nuestras preocupaciones. El desafío que tenemos es aprender de
los errores pasados. Imaginar la sociedad que queremos requiere un dáalogo
confrontacional de ideas, parecido a la discusión teórica producida en la mesa
del PPD por la atingencia de poner la idea de felicidad como un eje central del
discurso político partidario.
El Gobiemo de la Presidenta Bachelet
ha puesto énfasis en los cambios reales y en la Concertación somos mayoría
los que pensamos que el movimiento social quiere una patria inclusiva, donde
libertad, igualdad Y felicidad sean prioridades ineludibles. En el mundo, el
capital es cada vez más globalizado, dice el sociólogo italiano Mauricio
Lazzarato. La relaci6n capital trabajo no garantiza la seguridad social
"desde el nacimiento a la muerte" y eso genera inseguridad. Estamos
ante una acumulación capitalista que no se funda solo en la explotaci6n del
trabajo en sentido industrial, sino en la explotaci6n del conocimiento, 1a
viviente, la salud, el tiempo libre, la cultura, los recursos relacionales entre
individuos, el imaginario, la formaci6n del hábitat. No se venden bienes
materiales o inmateriales, dice Lazzarato, sino formas de vida, comunicación,
educación, estándares de socialización, vivienda, transporte.
La globalización, según
el sociólogo, "no es sólo extensiva (deslocalizaci6n), sino intensiva, y
concieme tanto a los recursos cognoscitivos, culturales, afectivos y
comunicativos (de la vida de los individuos) como los territorios, los patrimonios
genéticos (humanos, vegetales y animales), los recursos de la vida de las
especies y del planeta (el agua, el aire)".
Aristóteles asignó
gran importancia al estudio de la felicidad. Para el filósofo, el bien más
elevado es la felicidad y todos se proponen alcanzarla. La felicidad consistía
-entre otras cosas- en poseer la sabiduría. Según él, la tarea de los seres humanos
es el supremo bien, que solo se logra por la política. En el siglo XVIII, el
filósofo ingles Jeremy Bentham sostenía que la mejor sociedad es aquella en que
sus ciudadanos son más felices. En ética y moral (ámbito privado), tanto para
Aristóteles como para Bentham la acción mejor será la que otorgue felicidad a
mayor número de personas. EI economista Richard Layard, en "La felicidad",
dice que "este es el máximo principio de la felicidad: fundamentalmente
igualitario, porque la felicidad de todos cuenta por igual; y también
fundamentalmente humano, porque sostiene que en ultima instancia lo que importa
es lo que sientan las personas".
Algunos piensan que
la felicidad es un bien privado. EI filósofo Thomas Hobbes propone que deberíamos
pensar en los problemas humanos considerando a los hombres "como si
acabaran de brotar de la tierra y, de repente (al igual que los champiñones)
llegaran a la total madurez, sin ningún vínculo entre ellos". En cambio,
yo lo pienso como algo colectivo: así como la política es una necesidad que no
podemos eludir para la vida humana, la felicidad es algo relacionado con mi
mente y la de otros.
Es una mente pública.
Hannah Arendt habla de felicidad publica para expresar que de lo que se trata
es "asegurar a muchos el sustento y un mínimo de felicidad", en
contraposici6n a la antigüedad, cuando unos pocos se ocupaban de la filosofía (política)
en desmedro de la mayoría. EI humano, dice Arendt, no es autárquico, sino que
depende en su existencia de otros.
La vida que vale la
pena es la por crear un mundo más feliz: donde no trabajen 242 millones de niños
entre 5 y 17 años de edad (según la
OIT ), el salario de la mujer sea el mismo que el del hombre
por igual trabajo, no se avale la desigualdad que generan sociedades indecentes
como la nuestra. La decente es aquella en que los menos no humillan y avergüenzan
a los más. Encuestas realizadas en Europa Occidental sobre los factores que
influyen en la felicidad nos muestran que el amor es el "bien
supremo", seguido por vivir en familia, la salud, el trabajo, la sociedad
y el dinero. Pese a todo, el dinero y el consumo no han matado al ser social.
La política debe concurrir a este propósito. Por desgracia, en buena parte del
mundo la política tradicional genera lo opuesto: infelicidad, incertidumbre y
desesperanza en las personas.
Claudio Vásquez Lazo, Ex Embajador
(Diario “La Nación ”
24.12.07)
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